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Representantes del sector agroalimentario exigen a la UE una política coherente y con base científica

La plataforma ALIMENTOS CONCIENCIA rechaza la iniciativa que permitiría restringir el uso de OMGs por razones no científicas, es una medida que va contra el impulso a la innovación y al desarrollo tecnológico.

Cerrar las puertas al uso de cultivos modificados genéticamente en la UE sería una política suicida que perjudicaría gravemente al sector con graves perjuicios económicos para la sociedad.

La UE es el segundo mayor importador de soja del mundo, con el 47% de las importaciones mundiales de harina de soja.

En la década de los 80 la UE era líder internacional en I+D en biotecnología agroalimentaria, a día de hoy sólo lo somos en aditivos y enzimas.

Las instituciones deben asegurar la continuidad de la producción agroalimentaria como fuente sostenible de alimentos.

La plataforma ALIMENTOS CONCIENCIA celebró el pasado martes en la Asociación de la Prensa de Madrid un desayuno de trabajo en el que representantes del sector agroalimentario han exigido a la Unión Europea (UE) una política coherente y con base en evidencias científicas. Productores agrícolas y ganaderos y responsables del comercio de materias primas han mostrado su preocupación por la peculiar situación regulatoria que viven los organismos modificados genéticamente (OMGs) en la UE.

Los miembros de la plataforma rechazan tajantemente la iniciativa presentada por la Comisión el pasado mes de abril que permitiría a los Estados miembros la adopción de normas nacionales para restringir o prohibir por razones no científicas el uso de OMGs. Una propuesta demagógica, irresponsable e incoherente de la Comisión Europea, ya que va contra el impulso a la innovación y al desarrollo tecnológico que la UE ha marcado entre sus prioridades en la Estrategia 2020.

La UE es el segundo mayor importador de soja del mundo, con el 47% de las importaciones mundiales de harina de soja (entre 32 y 34 millones de toneladas al año). Prohibir la entrada de ingredientes para la producción de alimentos sin que existan riesgos para la seguridad animal o humana o para el medio ambiente quebrantaría la unidad del mercado de alimentos y piensos, que se vería gravemente amenazada, con insalvables consecuencias económicas y sociales.

La plataforma ALIMENTOS CONCIENCIA resalta la incongruencia de esta propuesta y advierte de los graves efectos que podría tener en un mundo globalizado que cada vez necesita producir más alimentos.

Durante el desayuno de trabajo, el estadounidense Wayne Parrott, Profesor del Departamento de Cultivos y Ciencias del Suelo de la Universidad de Georgia, recordó que aunque la gente crea que los alimentos que consumimos hoy han existido toda la vida, no es así. En su exposición citó declaraciones del propio Darwin quien reconoció que el hombre ha alterado tanto las hortalizas que sólo un experto en botánica podría reconocer las variedades silvestres de las que proceden. “Todos los cultivos han sido modificados genéticamente. La modificación genética es una práctica muy antigua, y la ingeniería genética es tan sólo una subcategoría de estas modificaciones”, destacó el experto.

En su exposición, Wayne Parrott resaltó que pese al debate existente en la UE en torno a la biotecnología agraria, la realidad es que los transgénicos forman parte de nuestras vidas desde hace muchos años y son aceptados socialmente. La gran mayoría de la ropa está elaborada con algodón transgénico, al igual que los billetes de toda la zona euro. Otro buen ejemplo es la insulina, obtenida a través de procesos biotecnológicos.

Matilde Moro, representante de ASOPROVAC, subrayó que “impedir que los productores europeos usen variedades biotecnológicas que tienen el aval científico de las autoridades competentes no tiene ningún sentido. Cerrar las puertas a las importaciones de cultivos modificados genéticamente sería una política totalmente suicida que perjudicaría gravemente al sector. Una normativa que afectaría especialmente a España, donde somos altamente deficitarios en materias primas para alimentación animal. Los Estados miembros son dependientes de las importaciones de soja y la mayoría es biotecnológica.”.

La jornada contó con la participación de Daniel Ramón, Director Científico de Biópolis, que alertó sobre la pérdida de competitividad de la UE en la carrera biotecnológica. “En la década de los 80 la UE era líder internacional en I+D en biotecnología agroalimentaria, a día de hoy sólo lo somos en aditivos y enzimas. Hemos perdido el liderazgo y la culpa es de las autoridades políticas que están decidiendo sin escuchar a todos”, resaltó.

En esta línea destacó el sinsentido de que desarrollos con financiación europea y española como el trigo transgénico sin gluten apto para celíacos desarrollado por el Instituto de Agricultura Sostenible en Córdoba, perteneciente al CSIC, no haya podido ser licenciado en la Unión Europea. Esto supone que el 1% de nuestra sociedad que sufre esta intolerancia, no podrá acceder a esta tecnología, que facilitaría mucho su calidad de vida. “La opinión pública no es consciente de que el dinero que se está gastando para mejorar la salud pública europea se escapa y se va a Estados Unidos. No tiene sentido”, ha subrayado.

España tiene una importante agroindustria que necesita materias primas para mantener sus producciones ganaderas, generadoras de desarrollo económico y riqueza en el medio rural. La Plataforma ALIMENTOS CONCIENCIA defiende la importancia de la ciencia y la innovación como pilares para el desarrollo de la producción agroalimentaria, y exige que las instituciones aseguren el acceso a las tecnologías seguras y a la continuidad de la producción agroalimentaria como fuente sostenible de alimentos.

La Comisión pone en riesgo la disponibilidad de alimentos en la Unión Europea

Permitiría a los Estados miembros restringir o prohibir por razones no científicas el uso de OMGs en su territorio

Si España apoya la propuesta estaría entre los países más perjudicados

La plataforma ALIMENTOS CONCIENCIA reúne a entidades del sector agroalimentario para exigir la toma de decisiones con base científica, no soportadas en creencias o intereses políticos

La Comisión Europea (CE) ha presentado una propuesta que permitiría a los Estados miembros la adopción de normas nacionales para restringir o prohibir por razones no científicas el uso de organismos modificados genéticamente (OMGs). De aprobarse, la unidad del mercado de alimentos y piensos se vería gravemente amenazada, con insalvables consecuencias económicas y sociales.

El sector agrario mundial lleva 20 años apostando por los cultivos  modificados genéticamente (MG), una tecnología  que cuenta con los avales científicos de seguridad pertinentes a nivel internacional. La Unión Europea es dependiente de las importaciones de OMGs para cubrir su  demanda de determinados alimentos básicos en producción animal. Por ejemplo, es el segundo mayor importador de soja del mundo, con el 47% de las importaciones mundiales de harina de soja (entre 32 y 34 millones de toneladas al año).

España tiene una importante agroindustria que necesita materias primas para mantener sus producciones ganaderas, generadoras de desarrollo económico y riqueza en el medio rural. Es uno de los principales importadores de productos de soja (habas y harina) de la UE, con un total de 5,3 millones de toneladas anuales importadas, (entre el 17% y el 18% del total comunitario).

La propuesta de la CE va contra el impulso a la innovación y al desarrollo tecnológico que la Unión Europea proclama que son pilares de su actividad agroalimentaria. De aprobarse, la UE dependería aún más de las importaciones de alimentos producidos con las materias primas que en nuestro territorio no estarían autorizados. Prohibir la entrada de ingredientes  para la producción de alimentos sin que existan riesgos para la seguridad animal o humana o para el medio ambiente contraviene los acuerdos suscritos por la UE en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Por eso la CE plantea directamente que los Estados miembros puedan prohibir su empleo  una vez autorizados por la Comisión.

En este contexto nace la Plataforma ALIMENTOS CONCIENCIA, que reúne a entidades del sector agroalimentario para exigir que la UE tome decisiones legislativas en esta materia apoyándose en bases científicas. El grupo considera que la propuesta de la CE es demagógica y pide que se aplique la legislación vigente y que todos los OMGs que superen la evaluación de riesgos realizada por la Autoridad competente de la UE (EFSA) sean autorizados sin retrasos injustificados. La Plataforma solicita que España se oponga firmemente a la propuesta de la Comisión, ya que responde a intereses políticos y atenta contra el mercado único.

La posición de la Plataforma y de muchos sectores agroalimentarios ha sido expuesta en la Jornada organizada hoy en el Ministerio de Agricultura con el título “¿Está en riesgo la disponibilidad de alimentos en la Unión Europea?”. Productores agrícolas y ganaderos, junto a fabricantes de alimentos para animales, y responsables del comercio de materias primas han mostrado su preocupación por la iniciativa que la Comisión presentó el pasado 22 de abril.

También han participado en la misma la Subdirección General de Medios de Producción Agrícolas y Oficina Española de Variedades Vegetales del Ministerio de Agricultura y el investigador D. Francisco Areal, de la Universidad de Reading (Reino Unido) que ha presentado las conclusiones de su estudio titulado “Soja modificada genéticamente: una materia prima insustituible en la UE. Evaluación de alternativas e impacto económico para la industria de piensos y para el sector ganadero en España”. En él cuantifica que la importación española de soja MG entre 2000 y 2014 supuso un ahorro de casi 55.000 millones de euros, frente a lo que hubiera costado la importación de soja convencional.

Durante la Jornada,  la portavoz de la Plataforma, Mar Fernández, ha afirmado que “la Unión Europea pretende ser una isla en materia de OMGs en un mundo globalizado que cada vez necesita producir más alimentos, y emplea para ello las tecnologías contrastadas disponibles. Europa está impidiendo a los productores producir en las mismas condiciones que nuestros competidores en el mercado global, lo que afecta también a los consumidores por su impacto en el abastecimiento. La propuesta de la CE nos coloca en una situación de inseguridad jurídica que rompería las bases del mercado único, con graves consecuencias para la cadena de producción ganadera y alimentaria, especialmente en España”.

La Plataforma ALIMENTOS CONCIENCIA trabajará por defender la importancia de la ciencia y la innovación como pilares para el desarrollo de la producción agroalimentaria, así como la necesidad de que las instituciones aseguren la continuidad de la producción agroalimentaria como fuente sostenible de alimentos.

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