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Conceptos básicos sobre mejora genética

Brotar crecimiento planta

La mejora genética es un concepto recurrente cuando se habla sobre el uso de la biotecnología, concretamente en un contexto de producción de alimentos. Por mejora genética se entiende el hecho de incrementar la productividad de una especie vegetal mediante modificaciones de sus genes de tal forma que mejoren algunas características deseadas. El conjunto de procesos mediante los que se realizan estas modificaciones recibe el nombre de ingeniería genética.

El término “genética” hace referencia a los genes y al ácido desoxirribonucleico (ADN), este último es una sustancia que se encuentra dentro del núcleo de todas las células que forman los seres vivos. Los genes se localizan en el ADN, y son los que hacen que un organismo tenga unos determinados caracteres u otros.

Para comprender cómo es el ADN se puede comparar su estructura con la de dos cintas entrelazadas que forman un bucle. Estas cintas son cadenas formadas por la unión sucesiva de los bloques básicos de construcción del ADN, que son unas moléculas denominadas nucleótidos. Las dos cadenas permanecen enrolladas de forma estable ya que los nucleótidos de ambas se atraen entre si. El ADN puede conferir las características a un organismo porque los nucleótidos no se encadenan al azar, sino que siguen una secuencia determinada que podría compararse con un “código”. Cuando este “código” se decodifica se producen las proteínas, que son indispensables porque van a desempeñar una gran variedad de actividades dentro de las células. Gracias a las proteínas el organismo puede funcionar y tener sus rasgos propios.

Para decodificar la secuencia del ADN se necesita una maquinaria que está en la célula, que lo va a leer y a producir tras la lectura una cadena de ácido ribonucleico (ARN) (este proceso recibe el nombre de transcripción). El ARN también está formado por nucleótidos que siguen una secuencia determinada, pero a diferencia del ADN, está formado por una sola cadena y su estructura es lineal. Posteriormente, la cadena del ARN se lee por la misma maquinaria y como resultado se produce una proteína (este proceso se llama traducción). Para formar las proteínas la célula va enlazando los unidades que las componen, que son los aminoácidos. La célula sabe que aminoácidos añadir porque sigue unas normas para decodificar la secuencia del ARN, y esas normas reciben el nombre de código genético.

Con las nuevas tecnologías en ingeniería genética se pueden modificar genes de forma dirigida, y por lo tanto, alterar el ADN. Las modificaciones que se pueden hacer son insertar, eliminar o intercambiar nucleótidos. Estos cambios modifican a su vez el ARN y las proteínas que se van a formar. Al modificarse las proteínas, estas pueden tener funciones diferentes y cambiar las características de un organismo, por ejemplo, pueden aumentar la productividad de un determinado cultivo, y se dice que dicho cultivo se ha mejorado por ingeniería genética.

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Seguridad alimentaria: el papel de la biotecnología en la demanda de alimentos

Demanda de alimentos

La población mundial se ha doblado desde 1960 y se espera que alcance los 10.000 millones de personas en 30 años. Para alimentar a la población habría que aumentar un 60% la producción alimentaria a escala mundial.

Actualmente se dedica el 38% de la superficie terrestre libre de hielo (el equivalente a 5 veces el área de los Estados Unidos) a cultivos agrícolas. Por lo tanto, si la superficie de tierras dedicadas a la agricultura creciera al mismo ritmo que la demanda de comida, el impacto de la agricultura sobre la deforestación, la extinción de especies y el efecto invernadero, sería mayor que el impacto de todos los coches, trenes y aviones del mundo.

A pesar de que la solución a esta demanda de alimentos no es simple, los cultivos modificados genéticamente podrían ser un instrumento para aumentar la cantidad de alimentos producida de forma sostenible. Además, este tipo de cultivos biotec podrían tener ventajas adicionales como ayudar optimizar el uso de fitosanitarios, aumentar la eficiencia de los fertilizantes, producir vitaminas necesarias o incluso reducir las sustancias carcinogénicas en los alimentos.

Uno de los problemas a los que se enfrentan los cultivos modificados genéticamente es a la opinión pública. Según un estudio realizado en 2015 por el Centro de Investigaciones Pew en colaboración con la Asociación Estadounidense por el Avance de la Ciencia, más del 50% del público general no confía en ellos. Este dato contrasta con la opinión de los científicos, de los cuales el 88% considera que los OMG son seguros. La opinión de la comunidad científica internacional es avalada por más de 1.500 estudios cuyos resultados no demostraron peligro alguno de los OMG para la salud humana.

De hecho, uno de los estudios realizados por la Dr. Van Eenennaam, basándose en los datos obtenidos por los miles de millones de animales alimentados con cultivos biotec, determinó que no hay diferencias significativas en la salud de animales alimentados con cultivos tradicionales y los alimentados con cultivos modificados. Estos últimos representan un alto porcentaje puesto que más del 90% de la comida consumida por animales de producciones ganaderas procede de cultivos biotecnológicos.

Por otra parte, organizaciones como la Organización Mundial de la Salud o la Comisión Europea han revisado los datos sobre alimentos biotec llegando a la misma conclusión: estos son seguros ya que no hay ninguna enfermedad registrada provocada por su consumo. Pero para asegurar la seguridad de todos y cada uno de los cultivos de OMG, estos se evalúan de forma individual, y todos los productos derivados son revisados por los órganos competentes de cada país antes de lanzarse al mercado. En el caso de la Unión Europea es la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) la encargada de realizar dichos controles.

La biotecnología es una herramienta más para dar solución a la demanda creciente de alimentos, una herramienta de la que no podemos prescindir. Para ello hay que trabajar en dar a conocer a la sociedad la realidad científica de una tecnología segura, que juega un papel clave ante los retos agroalimentarios presentes y futuros. Cuando la sociedad y la ciencia avanzan de la mano, el progreso sucede más rápido.