El desconocido inicio de la cadena: la semilla

Desde los inicios de la agricultura, el hombre ha realizado mejora genética seleccionando las plantas que más le interesaban para cultivarlas al siguiente ciclo. Esta técnica tan antigua, parece que es totalmente desconocida por la sociedad actual, hasta el punto de que la semilla, el inicio de la alimentación, en el ámbito regulatorio no está incluida en la cadena alimentaria. Tradicionalmente se tiende a olvidar a la semilla, y se empieza hablando de la planta o del producto obtenido, pero debemos recordar que antes se encuentra el único insumo imprescindible para el sostenimiento de la cadena de consumo tal como la entendemos, segura y diversa.

Según datos del estudio “El valor económico, social y ambiental de la obtención vegetal en Europa”, realizado por Hffa Research GmbH (http://plantetp.org/sites/default/files/HFFA_Research_Paper_03_16_final_unprotected.pdf), la mejora genética ha impulsado a Europa en su camino por conseguir la sostenibilidad del sector agrícola. Gracias a la mejora vegetal, los agricultores europeos han conseguido desde el año 2000 alimentar a 160 millones de personas, lo que se traduce en alimentar a la población de Francia y Alemania durante los últimos 15 años. La obtención vegetal permite a Europa alimentarse por sí misma.

Además, la mejora vegetal no sólo ha permitido la reducción de las hectáreas utilizadas para cultivo y las emisiones de gases invernadero, también ha permitido a los agricultores reducir su consumo de agua. Los agricultores europeos han ahorrado 54 mil millones de m3 de agua desde el año 2000 gracias a las mejoras obtenidas, esto equivale a 22 millones de piscinas olímpicas.

Según un análisis realizado en redes sociales por Anove y Kreab, “Análisis de percepción de la mejora vegetal en la sociedad española”, la percepción acerca del papel de la semilla como portadora de beneficios para la sociedad y el medioambiente es muy positiva. El 70,4% de la muestra estudiada valora como “mucho” o “bastante” el impacto positivo de la semilla en el medio ambiente. El 94,2% valora como “mucho” o “bastante” el papel de la semilla en el aumento de las cantidades de alimentos disponibles. El 89,9% valora como “mucho” o “bastante” el papel de la semilla en la mejora de las propiedades nutricionales. El 70,8% valora positivamente la mejora del sabor, perfume y apariencia de las frutas y verduras El 60,38% de las respuestas afirman que las semillas modificadas genéticamente aportan beneficios económicos, sociales y medioambientales.

Debemos seguir trabajando para conseguir poner en valor la importancia de la semilla y todo el trabajo que supone la puesta en mercado de nuevas variedades. No podemos olvidar que para que una variedad salga al mercado se necesitan entre 10 y 12 años de investigación, con un coste medio de 1 a 1,5 millones de euros.

Imagen post AlimentosConciencia

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