Biotecnología para afrontar el reto alimentario

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Es por todos conocido el reto alimentario al que nos enfrentaremos en 2050: la población mundial llegará a superar los 9.000 millones de habitantes, incrementando la demanda alimenticia al doble. Pero no es tarea para “dejar para mañana”. Es necesario que comencemos a tomar acción desde el primer momento, y para ello, contamos con la ayuda de dos grandes aliados.

Como se describe en el libro ‘Disponibilidad alimentaria y desarrollo global sostenible’, la ciencia y la tecnología son un bazar de soluciones sostenibles. Los autores, Francesc Reguant (ICEA) y Robert Savé (IRTA), sostienen que el aprovechamiento de ambos es la clave para reducir impactos negativos en el medio ambiente y aumentar la producción, con el objetivo de poder dar solución a este reto.

Una vez más, la biotecnología se hace hueco ya que es una disciplina que reúne ambos aliados y nos ofrece soluciones innovadoras. Ésta, mediante sus herramientas, nos ayuda a acercarnos a una intensificación sostenible. Esta intensificación sostenible no es más que lograr llegar a los altos parámetros de producción requeridos sin alterar los equilibrios ecológicos. Para alcanzarla, partimos de la base de que es necesaria la mejora de la eficiencia de los cultivos en muchos ámbitos: mejores rendimientos, resistencia a condiciones abióticas desfavorables (sequías, inundaciones, temperaturas excesivas…), resistencia a plagas y enfermedades, y reducción del impacto medioambiental negativo.

El uso de la biotecnología nos permite, por una parte, sin entrar en transformaciones genéticas, acelerar el proceso de mejora vegetal, pero por otra, obtener organismos modificados genéticamente (OMGs) mucho más eficientes y competentes. Es tal su capacidad, que permiten un incremento de producción sin necesidad de mayor superficie, mayor fijación de dióxido de carbono y, principalmente, adaptación a ambientes locales específicos que permitirá potenciar un mayor rendimiento medio de producción.

Pese a contar con estas ventajas, y pese a que su seguridad está avalada científicamente, el uso de OMGs no ha tenido una buena acogida en determinados sectores sociales. Sin embargo, es complicado imaginarse un futuro libre de transgénicos. Éstos son el punto de inflexión entre un pasado-presente “imprudente” y un futuro más sostenible, la clave que nos permitirá afrontar este reto alimentario y obtener un resultado positivo.

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