Menos normas y más justicia. Menos slogans y más ciencia.

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Los que formamos parte profesionalmente de la cadena de alimentación, y tenemos cierta curiosidad o inquietud intelectual, a veces nos preguntamos qué sentido tienen algunas normas.

No solo las leyes, sino también algunas normas no desarrolladas por los legisladores. A veces desarrolladas libremente en el marco de una relación comercial, en un contexto en el que ciertas reglas las definen ambas partes intervinientes, o al menos una de ellas.

A veces nos choca que la mera presencia de trazas de un producto declarado seguro para la salud y el medioambiente por las autoridades científicas, genere más revuelo y problemas que la contaminación cruzada en niveles fácilmente apreciables por materias manifiestamente tóxicas en el caso de ser ingeridas.

A veces resulta que una presencia de algo inocuo cerca del límite de detección en los laboratorios más competentes del siglo XXI (no unos laboratorios cualquiera, no) provoca una paralización de mercancía. Mientras, una mezcla de producto tóxico se considera dentro del 1% de “materia extraña” que se admite comercialmente, y como no se busca expresamente, no se encuentra, no se identifica, Y al no detectarse pasa a la cadena de alimentación humana.

No es que pase todos los días, pero nos lleva a hacer la siguiente reflexión: ¿no será que necesitamos menos normas y más justicia? ¿No sería mejor tener menos reclamos publicitarios engañosos, como proclamar que libre de organismos modificados genéticamente es igual a saludable, y más ciencia como base nuestras actuaciones?

Parece que cuanto más conocimiento tenemos, unido a un mayor bienestar social, más nos guiamos por criterios alejados de la ciencia. Y es que la clave no es atesorar más conocimiento, sino asegurarnos de que se difunde a la mayor parte de población posible, para que conozca, y no sólo para que disfrute sin saber por qué, de los beneficios que ese conocimiento reporta.

Por eso nos gusta venir a este blog, seguir a esta plataforma, porque nos ayuda a tener un criterio más científico. Para ser más justos y menos legalistas, aunque siempre legales. Y esperamos que se cumpla su fin último, que es llevar esta actitud a todos los niveles de la sociedad.

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