Seguridad alimentaria: el papel de la biotecnología en la demanda de alimentos

Demanda de alimentos

La población mundial se ha doblado desde 1960 y se espera que alcance los 10.000 millones de personas en 30 años. Para alimentar a la población habría que aumentar un 60% la producción alimentaria a escala mundial.

Actualmente se dedica el 38% de la superficie terrestre libre de hielo (el equivalente a 5 veces el área de los Estados Unidos) a cultivos agrícolas. Por lo tanto, si la superficie de tierras dedicadas a la agricultura creciera al mismo ritmo que la demanda de comida, el impacto de la agricultura sobre la deforestación, la extinción de especies y el efecto invernadero, sería mayor que el impacto de todos los coches, trenes y aviones del mundo.

A pesar de que la solución a esta demanda de alimentos no es simple, los cultivos modificados genéticamente podrían ser un instrumento para aumentar la cantidad de alimentos producida de forma sostenible. Además, este tipo de cultivos biotec podrían tener ventajas adicionales como ayudar optimizar el uso de fitosanitarios, aumentar la eficiencia de los fertilizantes, producir vitaminas necesarias o incluso reducir las sustancias carcinogénicas en los alimentos.

Uno de los problemas a los que se enfrentan los cultivos modificados genéticamente es a la opinión pública. Según un estudio realizado en 2015 por el Centro de Investigaciones Pew en colaboración con la Asociación Estadounidense por el Avance de la Ciencia, más del 50% del público general no confía en ellos. Este dato contrasta con la opinión de los científicos, de los cuales el 88% considera que los OMG son seguros. La opinión de la comunidad científica internacional es avalada por más de 1.500 estudios cuyos resultados no demostraron peligro alguno de los OMG para la salud humana.

De hecho, uno de los estudios realizados por la Dr. Van Eenennaam, basándose en los datos obtenidos por los miles de millones de animales alimentados con cultivos biotec, determinó que no hay diferencias significativas en la salud de animales alimentados con cultivos tradicionales y los alimentados con cultivos modificados. Estos últimos representan un alto porcentaje puesto que más del 90% de la comida consumida por animales de producciones ganaderas procede de cultivos biotecnológicos.

Por otra parte, organizaciones como la Organización Mundial de la Salud o la Comisión Europea han revisado los datos sobre alimentos biotec llegando a la misma conclusión: estos son seguros ya que no hay ninguna enfermedad registrada provocada por su consumo. Pero para asegurar la seguridad de todos y cada uno de los cultivos de OMG, estos se evalúan de forma individual, y todos los productos derivados son revisados por los órganos competentes de cada país antes de lanzarse al mercado. En el caso de la Unión Europea es la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) la encargada de realizar dichos controles.

La biotecnología es una herramienta más para dar solución a la demanda creciente de alimentos, una herramienta de la que no podemos prescindir. Para ello hay que trabajar en dar a conocer a la sociedad la realidad científica de una tecnología segura, que juega un papel clave ante los retos agroalimentarios presentes y futuros. Cuando la sociedad y la ciencia avanzan de la mano, el progreso sucede más rápido.

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El desconocido inicio de la cadena: la semilla

Desde los inicios de la agricultura, el hombre ha realizado mejora genética seleccionando las plantas que más le interesaban para cultivarlas al siguiente ciclo. Esta técnica tan antigua, parece que es totalmente desconocida por la sociedad actual, hasta el punto de que la semilla, el inicio de la alimentación, en el ámbito regulatorio no está incluida en la cadena alimentaria. Tradicionalmente se tiende a olvidar a la semilla, y se empieza hablando de la planta o del producto obtenido, pero debemos recordar que antes se encuentra el único insumo imprescindible para el sostenimiento de la cadena de consumo tal como la entendemos, segura y diversa.

Según datos del estudio “El valor económico, social y ambiental de la obtención vegetal en Europa”, realizado por Hffa Research GmbH (http://plantetp.org/sites/default/files/HFFA_Research_Paper_03_16_final_unprotected.pdf), la mejora genética ha impulsado a Europa en su camino por conseguir la sostenibilidad del sector agrícola. Gracias a la mejora vegetal, los agricultores europeos han conseguido desde el año 2000 alimentar a 160 millones de personas, lo que se traduce en alimentar a la población de Francia y Alemania durante los últimos 15 años. La obtención vegetal permite a Europa alimentarse por sí misma.

Además, la mejora vegetal no sólo ha permitido la reducción de las hectáreas utilizadas para cultivo y las emisiones de gases invernadero, también ha permitido a los agricultores reducir su consumo de agua. Los agricultores europeos han ahorrado 54 mil millones de m3 de agua desde el año 2000 gracias a las mejoras obtenidas, esto equivale a 22 millones de piscinas olímpicas.

Según un análisis realizado en redes sociales por Anove y Kreab, “Análisis de percepción de la mejora vegetal en la sociedad española”, la percepción acerca del papel de la semilla como portadora de beneficios para la sociedad y el medioambiente es muy positiva. El 70,4% de la muestra estudiada valora como “mucho” o “bastante” el impacto positivo de la semilla en el medio ambiente. El 94,2% valora como “mucho” o “bastante” el papel de la semilla en el aumento de las cantidades de alimentos disponibles. El 89,9% valora como “mucho” o “bastante” el papel de la semilla en la mejora de las propiedades nutricionales. El 70,8% valora positivamente la mejora del sabor, perfume y apariencia de las frutas y verduras El 60,38% de las respuestas afirman que las semillas modificadas genéticamente aportan beneficios económicos, sociales y medioambientales.

Debemos seguir trabajando para conseguir poner en valor la importancia de la semilla y todo el trabajo que supone la puesta en mercado de nuevas variedades. No podemos olvidar que para que una variedad salga al mercado se necesitan entre 10 y 12 años de investigación, con un coste medio de 1 a 1,5 millones de euros.

Imagen post AlimentosConciencia