Lo que está enseñando la crisis del COVID-19 sobre la agricultura

Por António Lopes Dias,  Ingeniero Agrónomo y Director Ejecutivo de ANIPLA (Associação Nacional da Indústria para a Proteção das Plantas).

António Lopes Dias ANIPLA

En un momento en que una pandemia arrasó nuestros días y se hizo cargo de todas nuestras preocupaciones, la alimentación es una de las preguntas que más nos preocupa: ¿conseguiremos alimentarnos adecuadamente? ¿Habrá qué comer para todos? ¿Tendremos acceso a los alimentos deseados? Más que eso: ¿lo que comemos, es seguro?

Pero en tiempos de COVID-19, en que todos, bajo múltiples formas, somos afectados, ¿la sociedad se dará cuenta de que esta es una realidad constante para los agricultores? ¿Qué puede aprender la sociedad de una de las profesiones que nunca se detiene? Seguridad, protección, ciencia, investigación y tecnología son conceptos básicos en la producción de alimentos con los que los agricultores viven los 365 días del año. Declarado el Estado de Emergencia, la sociedad se obliga a una pausa, a una desaceleración forzada, pero la naturaleza no lo hace. La naturaleza está ahí y nunca se detiene. La misma que cada año enfrenta a los agricultores con plagas, enfermedades y malas hierbas con efectos potencialmente devastadores para la mayoría de los cultivos, y que si no se tratan ponen en peligro la existencia de alimentos en nuestra mesa.

Porque cuando observamos el fenómeno de la propagación de un virus en la población y la velocidad de destrucción de los cultivos, causada por la entrada inusitada de plagas y enfermedades en el sistema agrícola, no estamos hablando de universos que están tan lejos. De la misma manera que no hablamos idiomas diferentes cuando nos damos cuenta de que la única forma de combatir este flagelo es a través del recurso a la ciencia. Cuando hablamos de seguridad alimentaria, estamos hablando de la cantidad de movimientos globales que se realizan todos los días y que nos hacen llegar, desde todas partes del mundo, infestaciones que solo la ciencia puede prevenir o combatir.

Las plagas con un mayor impacto en los cultivos agrícolas, como Xylella Fastidiosa, por ejemplo, en un escenario de propagación por toda la UE, pueden causar pérdidas anuales de producción de 5.500 millones de euros, afectando al 70% del valor de la producción de árboles frutales y, por eso, a semejanza de los tiempos en que vivimos, solo podemos contar con la ciencia para protegernos.

De la misma manera que, ante el momento que estamos viviendo, solo la ciencia nos ayudará a proteger la salud, la economía y la sostenibilidad de los países, lo mismo sucede cuando de enero a diciembre, cada año, el sector agrícola trabaja para combatir las plagas, enfermedades y malas hierbas que llegan de todos los rincones del mundo, asegurándonos que lo que comemos es seguro.

En este momento cuando el miedo se apoderó de las ciudades, que poco a poco, y bien, fueran quedando vacías, alguien permaneció en las carreteras, como en el campo: los agricultores. Quienes vinieron a poner al servicio de este combate las mismas armas con las que luchan todos los días para mantener el acceso a alimentos seguros, las suyas. En Grândola, Monforte y un poco por todo el país, los agricultores salieron a la calle con sus protecciones y pulverizadores, esta vez no para proteger los cultivos, sino para proteger a las personas. Porque en ningún momento como en este las diferencias se desvanecieron tanto y fuimos sectores el uno para el otro, en una lucha que, de repente, es de todos y en la que nos hemos vuelto tan iguales. Tan dependientes de la ciencia para ayudarnos a permanecer bien, en la expectativa de que tan rápido como sea posible estemos de vuelta.

Entonces, ¿qué tiene que aprender la sociedad con los agricultores? ¿De qué manera es la ciencia el único aliado en el que tenemos que confiar cuando se trata de proteger nuestra salud y la salud de lo que comemos? ¿De qué forma podremos ser, cada vez más, preventivos en la seguridad individual y global? Tantas preguntas que acechan y una sola respuesta que resuena: necesitamos confiar en la ciencia. Ante un virus que nos pone a todos en suspenso, y ante otros que aparecen cada día con un mayor potencial para devastar lo que comemos. Si en el primer caso hablamos de salvar vidas humanas, en el segundo hablamos de salvar alimentos, los mismos que nos mantienen vivos y con salud. Ciencia, ciencia, ciencia: la consigna cuando hablamos de proteger a las personas, las plantas, las economías y el mundo.

TEXTO ORIGINAL EN PORTUGUÉS

El sector agroalimentario será uno de los motores de activación después de la crisis

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El sector agroalimentario, que supone el 8% del PIB nacional y ocupa a más del 10% de la población activa, será uno de motores de arranque cuando finalice la crisis del coronavirus. Por eso está pensando ya en la reconstrucción y en cómo prepararse ante el futuro próximo.

En estos momentos, uno de los principales temores es la carencia de mano de obra, especialmente en los cultivos de hortalizas y frutas de verano, cuya campaña de recogida comienza en pocas semanas. Para algunos de ellos, se estima que es necesario incorporar hasta un 40% de trabajadores, pues muchos han quedado confinados o no pueden incorporarse a nuestro país a causa del cierre de fronteras. Es el caso de los cultivos de fruto rojo que emplea, solo en Huelva, a 15.000 temporeros marroquíes de los que depende en buena medida la recolección. Además, la incorporación de trabajadores a las labores del campo, podría contribuir a paliar los efectos negativos que sobre el empleo está teniendo la crisis derivada del COVID-19.

El problema afecta también a otros países: el gobierno francés está conversando con los sindicatos para facilitar la contratación de trabajadores, muchos de ellos afectados por los despidos o el cese de actividades causado por el coronavirus. En Alemania, se ha prohibido la entrada de temporeros –procedentes en su mayoría de Bulgaria, Rumanía y Polonia– pese a las demandas del sector agrícola, que teme la falta de estos trabajadores. En España, el ministro de Agricultura ha iniciado conversaciones con su homólogo francés, Didier Guillaume, con el fin de hacer frente al problema.

En este sentido, Pedro Gallardo, Vicepresidente de Asaja, subraya que de cara a poder “garantizar el abastecimiento de alimentos, es fundamental la colaboración de las distintas administraciones para facilitar que las labores del sector primario se puedan realizar con la normalidad que permita la situación excepcional que estamos viviendo, y siempre aplicando las medidas preventivas necesarias para evitar contagios, entre las que se incluye el uso de los EPIs necesarios para la protección de los trabajadores”.

De momento, las empresas han implementado medidas que garantizan la seguridad de sus empleados, del cliente y del propio producto. Por ejemplo, en Agromillora Iberia, una empresa obtentora asociada a ANOVE, se está trabajando en tres turnos con el fin de que coincidan menos empleados en los centros de trabajo, lo que disminuye la productividad e incrementa los costes. Pero, como afirma su director comercial, José Manuel Lacarte, “todo se da por bien empleado porque, hoy más que nunca, hemos de arrimar el hombro: hemos de solucionar esta crisis entre todos porque a todos nos afecta”.

Julián Arnedo, director de Semillas Arnedo y Presidente de la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (ANOVE), pone también la vista en el futuro inmediato: “Nuestra responsabilidad tiene que atender también al día después, cuando salgamos de esta situación extraordinaria: ya hay agricultores que están sembrando con la vista puesta en ese día, y por eso es esencial que puedan disponer ahora de las semillas y plantas para poder garantizar la próxima campaña”. Subraya que la semilla es clave para garantizar el suministro de alimentos no solo en estos momentos, sino también una vez que la crisis sanitaria se dé por concluida. “Sin semillas y plantas no hay cultivos y, sin cultivos, las frutas y hortalizas no llegarían a los hogares; tampoco el pan, ni el aceite, ni la carne que depende de los piensos para animales”.

Como en otros sectores, muchos empleados de empresas de semillas y plantas están trabajando desde casa, recurriendo a videoconferencias y llamadas grupales. No obstante, los técnicos y comerciales, han tenido que reducir al máximo sus visitas y están extremando las precauciones para cumplir estrictamente los protocolos sanitarios.

Desde la Unión Regional de Cooperativas de Castilla y León, se subraya el “gran esfuerzo” que se está realizando para que las explotaciones de los agricultores puedan seguir desarrollando siembras, abonados y tratamientos; se está dando cobertura especial a los ganaderos para que dispongan de piensos y servicios veterinarios, y se realicen sin alteraciones las tareas de ordeño, recogida de leche y de ganado. Todo ello para suministrar al mercado y a los consumidores frutas, verduras, hortalizas y cereales y para que la carne no encuentre dificultades y llegue con normalidad a mataderos, salas de despiece y fábricas.

Además, equipos, centros de investigación y trabajo se han puesto a disposición de alcaldes, delegados de Gobierno y administraciones regionales para impedir la propagación del virus. De hecho, en muchos pueblos se puede ver cómo se está empleando maquinaria agrícola para desinfectar los espacios abiertos.

Un sector comprometido y responsable

La pandemia llegó a España en medio de las reivindicaciones que agricultores y ganaderos estaban llevando a cabo para concienciar a la población de la preocupante realidad en la que vive el sector primario desde hace décadas y exigir soluciones efectivas a las Administraciones.

En cuanto se inició la crisis sanitaria del coronavirus, se interrumpieron las movilizaciones para evitar la propagación del virus. Inmediatamente, el sector aparcó sus preocupaciones y, solidariamente, se centró en las necesidades generales, poniéndose a disposición de la sociedad y centrando todos sus esfuerzos en asegurar algo absolutamente prioritario: la provisión de alimentos.

Agricultores, ganaderos, pescadores, transportistas, cooperativas, distribución, empresas de semillas y de fitosanitarios… “Todos nos hemos puesto a trabajar, más intensamente si cabe, para que a la gente no le falten alimentos en estas circunstancias difíciles, subraya Elena Sáenz, directora de ANOVE. Pero nuestra responsabilidad nos lleva a pensar en el día después, haciendo todos los esfuerzos y pidiendo a las administraciones toda la diligencia posible para que semillas y plantas puedan estar disponibles para que la producción de alimentos no se resienta”.